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Daniel con pelota dominada

16 Ago
Daniel no era un buen pibe. Era de esos pendejos que se creen más de lo que son, como si decir “paja” o “guasca” lo transformasen misteriosamente en un adulto.  No recuerdo su segundo nombre (tal vez era Daniel) pero sí recuerdo aquella vez en que, jugando a la pelota en el patio (tal vez una hora libre), venía con la bocha dominada.   Sigue leyendo

Pasión de multitudes

14 May

–Tenemos todo listo para que comience el encuentro, una maravillosa tarde para el espectáculo, la gente está sentada, el lugar está brillante, caen papelitos, se escuchan murmullos expectantes, ya vamos a ir por el resto de los choques que están interesantes, mientras tanto le pregunto a Seba si ya están los protagonistas en el terreno –
–Mauro, todavía no está él, está ella desde hace un rato –
–Ahí la vemos a ella, espléndida, como hace mucho tiempo, con una pilcha que brilla, el pelo suelto y más largo que hace 8 meses, momento en el que se dio el último choque entre ambos, ¿no Tano? –
–Así es, Mariano, la verdad que hace rato no se da algo con esta expectativa, hace 8 meses el juego fue rústico, duro, se revolearon la bocha de lado a lado, esperemos que ahora los ánimos nos permitan ver un juego más lúcido aunque con mismas emociones – Sigue leyendo

Noveno día de calor

16 Feb
Fue un día de agobiante calor. La ciudad transitaba entonces por el noveno día de una temperatura asfixiante. El lugar de trabajo de Milena contaba con un potente aire acondicionado que le permitía, durante esas 8 horas, recibir los llamados de los clientes de la empresa, quienes solicitaban, reclamaban y consultaban el estado de los productos que les eran enviados por mensajería. La mayoría eran reclamos, ya lo sabía, pero como cada trabajo de atención al cliente vía telefónica en los que había estado, este resultaba al menos confortante desde el lugar en que se permitía hacerlo. La hora de salida siempre era un infierno, y no fue la excepción esa tarde. A pesar de ello, por primera vez desde aquél entonces, ella decidió caminar desde las calles céntricas hasta el barrio de Monserrat, donde tenían el departamento de dos ambientes, el sueño de 5 años de ahorros sin vacaciones (más que algún fin de semana en la casa de sus padres en Mar de Ajó, donde siempre dudaban de si cruzar o no hasta San Bernardo para tomar algo, porque siempre en esos momentos la duda radicaba en cómo iba a volver Santiago, porque a Santiago si había algo que le gustaba, era tomar cuando salía, pero rara vez podía darse algún límite más que la séptima cerveza, aunque ella siempre supo que era así y lo amaba cuando lo miraba con aquellos ojos pardos que se entrecerraban en medio de una nube tóxica imaginaria y de caprichosas frases cargadas de ambivalencia y una poética mentirosa, ladina, marginal).

Esa tarde en particular, Melina pasó al chino a comprar algo para picar y para comer a la noche. Y se tentó cuando vio su imagen reflejada en una botella de Gancia. Se vio maquillada, con una ancha vincha color gris que marcaba el límite entre el cabello liso y tirante y la maraña de rulos que la acompañó desde su infancia (salvo un período adolescente donde no quiso saber nada con ellos, y se planchaba el pelo en cada instante que podía, al punto de que incluso fue a una peluquería a preguntar por un alisado definitivo, y eso que le habían avisado que la mujer era una chanta, pero no importó y entonces por esas cosas quedó con la mitad del cabello quemado y un corte posterior digno del hijo de una pareja de conservadores franquistas o tipos que no les gusta el fútbol, tal vez, o al menos así lo había ejemplificado una vez Santiago, con los ojos entrecerrados).

El departamento era “bonito”. HabIan llegado a amueblarlo juntos, incluso habían visto las últimas películas en el sillón, ella había visto a Santiago jugar con la consola que tanto deseó durante el último lustro que estuvieron juntos. El aire acondicionado vino después, tal vez por eso le daba hasta un poco de culpa usarlo. Esa tarde, la novena con tanto calor, Malena preparó una bandeja con quesos cortados en cubos, galletitas, y abrió la botella de gancia. Llenó una pequeña heladerita personal con hielos, se sentó en el sillón y buscó en la caja de terciopelo verde, una pequeña caja que mantenía al lado del sillón, un dvd. Este tenía con marcador impreso el número VIII (si había algo que le encantaba a Santiago era poner todo con números romanos, una manía, una obsesión, un hobby, un chiste).

Desde el televisor llegaba la imagen de Santiago. Sus ojos estaban bien abiertos, su boca pálida. Vestía un suéter verde (claro, el invierno le gustaba a Santiago porque le permitía mayor movilidad, según él) y la cintita roja que ella le regaló antes de la primera sesión de quimio. El Santiago arrasado por la radiación comenzaba, en este video, recordando la anécdota de la peluquería que tantas veces le había relatado Malena (la tele estaba fuerte, a ella le encantaba escuchar su voz, por eso él le grabó cuentos y otros videos más, tal vez por el elevado volumen y la cantidad de alcohol que había consumido Malena, no escuchó cuando el edificio empezó a resquebrajarse, justo allí, en ese octavo piso aquél noveno día de tanto calor).

Anoche llovió

22 Dic


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¿Viste la tormenta que se largó anoche? ¡Mamita! No, si no sabés, yo estaba caminando, en plena calle me agarró cuando se largó con todo, se largó feo, feo, había así relámpagos a cada rato. Nunca supe bien cuál era el relámpago y cuál era el trueno y el rayo y esa bola, creo que tiene que ver con los sentidos, uno se ve, el otro se escucha o bola así, no tengo idea. Igual, el tema es que se largó recontra feo, madre mía, si yo iba caminando, te digo, venía de la casa de Chicho. Nos habíamos juntado a tomar una cerveza con Chicho, hace años que no lo veía al pobre Chicho, ahí anda, con sus mismos problemas de siempre, es una figurita repetida, no hay caso con Chicho.  Siempre anda en la misma, siempre con su mismo drama, es una cosa de nunca acabar, el Chicho. A veces me da pena, pobre, porque se anda como envolviendo en esa nube de siempre, y con esos mismos problemas y ya cansa, viste que Chicho es así, muy de tirarse abajo, queda hecho una porquería el Chicho, pobre. Nos juntamos a tomar algo y a comer una picadita que llevé yo, le compré unas mortadelitas y unos quesitos que no sabés, parecían de Tandil. El salame fino que llevé, estaba de chupete, una delicia. Chicho puso la birra, porque Chicho si hay algo de lo que sabe es de cerveza, viste que Chicho cada dos por tres se deprime y se toma una cerveza y después no se le pasa, pero él dice que si, es una cosa este Chicho, si te digo cómo estaba ayer y te dan ganas de llorar, jaja, porque el Chicho, mirá.  Lo que no sabía era que estaba mal de la vista Chicho, usa unos culo de botella que necesitás un limpiaparabrisas para limpiarlos. Si anoche antes de irme le decía “aprovechá que se viene la lluvia para limpiarlos afuera”, ja ja. Sí, se reía un poco el pobre Chicho, estaba así bajoneado por ese tema de siempre. Y estuve un rato hablándole, tratando de que esté bien, viste cómo soy yo con los amigos, y más con el Chicho, que lo conozco desde hace 30 años al Chicho, pero bueno.  Y siempre con el mismo drama, mirá. Y nos divertimos igual un rato porque a mi me da de recordar cosas de cuando nos conocíamos, con Chicho nos conocimos en el barrio… pero vos ya sabés, qué te voy a contar si te lo conté como mil veces.  Pero nos da de recordar, una vuelta nos metimos en el potrero en un día torrencial de lluvia, feo, pero fulero, eran las 3 de la tarde y estaba que parecía noche, mirá. Y se largó una de lluvia que no sabíamos para dónde correr. Ese día ha´biamos estado matando sapos y lauchas en el potrero con Chicho. El Rúben se había rajado antes, medio cagado, claro, eso era como un pecado, viste, lo de matar sapos, qué se yo. Pero esa vez se largó una, por dios, no sabés, estábamos que nos hundíamos en el barro.  Nos moríamos de risa en un momento.  La lluvia tiene eso, viste, parece como que de repente te limpia, te saca todo. Si cuando salimos del potrero hicimos dos cuadras y quedamos limpitos.  Pasa eso, no sé.  Tiene como una cosa así la lluvia. Bah, eso siento yo, me provoca eso.Y anoche lo hablaba con Chicho, viste, que tiene esa cosa así en la espalda, el pobre. Estaba como raro, peor que de costumbre, le dije que saliera, que semojara un poco, que se iba a sentir mejor, pero claro, mirá que en 10 años hubo tormentas. Y si, te digo 10 años porque es así. Siempre Chicho tuvo algo que lo molestaba, pero desde hace 10 años… desde ese día se profundizó todo más, pobre chicho. Si se quiso hasta matar alguna vez, lo vuelve loco eso al Chicho.  Aquél día la cagó en grande. Esa noche me acuerdo de que, sabés, no llovió.  No llovió, fue como que no sé. Viste que te digo, la lluvia como que te limpia, pero tiene que ser así, inmediato, algo de toque, no de días, incluso ni de horas. Yo te digo, si esa noche hubiera llovido… en una de esas no quedaba así Chicho.  Qué se yo, uno lo ve así, viste, como medio así todo. Puede que sea raro, pero no sé. Me sentí tan mal, de verlo así. Tan mal me sentí que de la pena que tenía pasé a una bronca, una bronca pero así enorme.  Viste, qué se yo. Y yo soy como el Chicho en el fondo. Cuando exploto, exploto,d e bronca exploto y mueren alrededor, hay onda expansiva. Y viste, qué se yo. Había quedado ahí el cuchillo con que cortamos el salame.  Y el Chicho estaba así y yo tenía tanta bronca por verlo así, me dio tan pusilánime en un momento, tan merecedor de… librarse de eso.  Tan sometido, tan forro, tan hijo de remil puta.  Tan pero tan hijo de puta, el pelotudo.  Un forro, de aquella vez, mirá que agarrse con esa nena, una santa era. Y este forro de Chicho… y uno se deja llevar a veces.  Qué se yo, viste, cómo es eso, una emoción.  Y me fui como medio atormentado después, porque Chicho quedó como así, tan tranquilo que parecía que me pasaba todo a mí. Menos mal que cuando salí se largó tremenda tormenta. ¿Viste la tormenta que se largó anoche?  Terrible la tormenta.

Leyendas Urbanas Apócrifas II – El Paro de Portaleros

1 Mar
La volatilización del mercado laboral derivó en el surgimiento de profesiones y empleos que son difíciles de explicar. Si alguna vez alguien les dijo que trabaja en una “Auditoría de comunicación”, esto no es que se la pasan haciendo auditorías contables de diferentes departamentos, sino que se dedican a leer/escuchar/ver distintos medios de comunicación para completar una base de datos que permita a potenciales clientes conocer si se ha hablado o no de determinado tema.
Entre los distintos medios, los portales de noticias web son una estrella que, aún hoy en día, no ha alcanzado el nivel masivo en el inconsciente colectivo (tales como radio y tele), pero son los medios que mayor consumo representan en la actualidad. Por ende, el tener una persona revisando portales todo el tiempo resulta, casi, imprescindible.  El punto es ¿qué pasa cuando ese trabajo no se realiza? Pues bien…
Se dice que todos los años, a mediados del mismo (en un lapso que puede ir de abril a septiembre, aunque muchos afirman que en realidad puede ocurrir entre febrero y noviembre) hay una jornada en la que los ávidos clientes no reciben la información que tanto desean. Este fenómeno se produce por diferentes factores, que resultan complicados de rastrear para quien no puede dar con un “portalero” en su recorrido periodístico.  Entre algunas de las opciones figura el hecho de que Infobae.com quita la hora de sus notas, con lo cual se dificulta el trabajo. Otra es que El Argentino se reinventa a sí mismo a diario al publicar las mismas notas de la mañana con distinto horario.

Una de esas jornadas es marcada por un blanco total de noticias proveniente de sitios. Se dice que en cada lugar, los posibles clientes están atentos a ello, incluso lo esperan con ansias. La falta de noticias en sus mails repercute en una sensación de que “ta todo bien” y suelen irse temprano en dicha jornada, a tomar una Quilmes negra en algún bolichito de San Telmo, mientras se quejan del ínfimo acompañamiento de maní que suelen hacer en algunos lugares.  Si bien tienen conciencia de que dicho momento se explica en el reclamo justo de un sector del mercado laboral que es confinado al más oscuro rincón dentro del mercado. Sin embargo, el SUSNoPo (Sindicato Único de Subidores de Noticias de Portales) aspira algún día a conseguir el apoyo de los llamados “cableros” y, más aún, de los “radio y televisioneros” para que el justo reclamo con que cargan, se haga luz en una sociedad dormida. 

Cuentos de un tipo

12 Feb
El día que el tipo caminaba a tomar el colectivo (ese día había decidido tomarse el 12 en Montes de Oca) notó que algo extraño perturbaba ese camino- el cual hacía varios días que no tomaba-   Era una especie de bulto que obstruía el normal paso por la vereda.  Este tipo pensó que tal vez debía aventurarse hacia la calle, asfaltada, para poder pasar.  Aunque le parecía un esfuerzo innecesario, dado que la vereda no era un sitio adecuado para soportar este bulto.  A simple vista no pudo descifrar si era una bolsa de basura, un cartón maltrecho, o un montón de prendas de vestir usadas y tiradas.  De hecho, antes de jugarse a pasar sus piernas por encima del bulto (la calle no era opción, estaba minada de excrementos de perros y conocía que era famosa por la alta velocidad de algunos vehículos al pasar por allí) intentó inspeccionar un poco más de cerca al objeto.

Allí se sorprendió al percibir un silbido corto y ahogado.  Más se sorprendió al notar que el bulto despedía un olor pestilente.  Una mezcla de vino barato con vómito de quien ha comido frutas podridas. Instintivamente, el tipo, pensó en darle un certero golpe, ya que sin dudas se trataba de aglún ser vivo.  Pero no le entusiasmó la idea de ensuciar su zapato.  Motivo por el cual buscó algún objeto cercano.  Allí, apoyado sobre la pared de la fábrica abandonada por la cual pasaba, vio apoyado un bastón.

Sin importar la procedencia del mismo, lo tomó y de inmediato y con timidez casi absoluta, procedió a mover el bulto.  Ante los primeros 4 intentos no hubo reacción alguna. Al quinto, eso que estaba en el piso se incorporó.  En un solo movimiento abrió un par de alas enormes, de color negro, parecían de género.  Elevó lo que era su rostro. Era de tez blanca, pero estaba con un bronceado propio de unos 15 días en chapadmalal, sin uno solo de lluvia.  El ser bostezó.  Tenía los ojos rojos.  El tipo no sabía ante qué se encontraba, qué riesgo podía correr. Miró a todos lados alrededor pero no encontró nada.  Aún no eran las 6 y media de la mañana.  Se había levantado más temprano de lo usual.  Es que quería pasar por el kiosco de diarios a comprar el Clarín, que comenzaba ese día a entregar una serie de libros de suspenso que le interesaban. 

En ese pensamiento estaba cuando el ser le pidió el bastón.  Temeroso, el tipo se lo dio. El enigmático ser dijo “gracias, flaco” y se elevó en el mismo momento en que decía “no tomo más”. 

El tipo lo vio elevarse y desaparecer en cuestión de segundos.  Se escuchó un ruido metálico a unas cuadras.  El hombre del kiosco de diarios agarraba a patadas la puerta trasera que se trababa casi siempre.  El tipo buscó la billetera en el bolsillo interior del saco (ese día tenía ganas de usar saco para verse importante) y siguió su camino.  Tal vez pudiera hojear un poco de esa novela antes de entrar a trabajar.

Leyendas Urbanas Apócrifas I – El hombre gerundio

4 Feb
En la típica calurosa tarde de verano, en la ciudad de Buenos Aires, se siente el devenir de conciencias que avanzan hacia un futuro inmediato.  Dejan sobre sus espaldas un tendal de pensamientos, olores, sentimientos, canciones.  Arrastran ilusiones y frustraciones y llegan a cualquier lugar con la satisfacción del objetivo inmediato efímero cumplido.  De tanto en tanto algún suspiro los saca de la atmósfera cotidiana y los envuelve en una utopía.  En ese momento se puede sentir algún diálogo lejano.  “¿Y cómo andan tus cosas”.  “Y… tirando”

La sensación de simultaneidad hace del uso del gerundio, algo usual y poco llamativo.  Aunque lo curioso es saber, después de caminar por alguna plaza en búsqueda de un poco de sombra, que por las calles de CABA circula el llamado Hombre Gerundio.  ¿Quién es? ¿Dónde vive? ¿Qué peligros lleva un posible encuentro con él? Interrogantes que nadie ha podido dilucidar al día de hoy.  Sin embargo, llama a la curiosidad.

Se ha rumoreado que el hombre gerundio es tan sólo un adolescente en aspecto, aunque llevaría la cuenta de más de 144 primaveras vistas.  Busca pasar inadvertido con su peculiar modo de hablar, para lo cual ha logrado introducir su jerga en los medios de comunicación más leídos.  Este hábil movimiento le permite al hombre gerundio, caminar las calles de la ciudad sin que nadie note su presencia, aún cuando kiosqueros de la zona de Palermo afirman que cada tanto escuchan un “¿me vas dando el vuelto?” que suena provocador, motivo por el cual agudizan su mirada y notan que el tono de voz no se condice con la imagen física del sujeto.

Hay quienes afirman que es colorado, muchos otros, sin embargo, le dan un aspecto de piel morena pero “copado” como han dicho comerciantes del barrio de Colegiales. “Más un café con leche”, aseguran.  Estas mismas fuentes confirman que el hombre gerundio aparece alrededor de las 20 horas cuando pregunta “¿y? ¿Cómo va andando todo?” “Acá ando, caminando un poco, tratando de ir comprando las cosas para cuando esté vacacionando” dicen que responde cuando alguien le da bola.

No se han conseguido muchas más especificaciones sobre este hombre/muchacho/joven.  Fuentes informan que se trata de un hombre solitario, aunque otros dicen que todo lo contrario. El único dato certero, que igual lleva a un callejón sin salida, es que sería redactor del diario deportivo Olé.

Una de las tantas Leyendas Urbanas Apócrifas.