Archivo | febrero, 2011

Majul escribe para los palcos

17 Feb
Luego de escribir este párrafo, Luis Majul hizo varias cosas más. Entre ellas, pedir disculpas hoy en su programa de Radio La Red. Aunque sus disculpas fueron más allá. Si bien es entendible que Majul pueda llegar a no captar que alguien cercano pueda haberse sentido dolido luego que el conductor de radio y tele calificara la situación sentimental de la presidenta como un rol al que puede renunciar apenas se apaga una cámara, el muchacho lo que hizo fue llamar a un especialista en lengua para discutir el término “viuda” que es lo que (según el pensamiento de Majul) puede sonar ofensivo. 
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Cuentos de un tipo

12 Feb
El día que el tipo caminaba a tomar el colectivo (ese día había decidido tomarse el 12 en Montes de Oca) notó que algo extraño perturbaba ese camino- el cual hacía varios días que no tomaba-   Era una especie de bulto que obstruía el normal paso por la vereda.  Este tipo pensó que tal vez debía aventurarse hacia la calle, asfaltada, para poder pasar.  Aunque le parecía un esfuerzo innecesario, dado que la vereda no era un sitio adecuado para soportar este bulto.  A simple vista no pudo descifrar si era una bolsa de basura, un cartón maltrecho, o un montón de prendas de vestir usadas y tiradas.  De hecho, antes de jugarse a pasar sus piernas por encima del bulto (la calle no era opción, estaba minada de excrementos de perros y conocía que era famosa por la alta velocidad de algunos vehículos al pasar por allí) intentó inspeccionar un poco más de cerca al objeto.

Allí se sorprendió al percibir un silbido corto y ahogado.  Más se sorprendió al notar que el bulto despedía un olor pestilente.  Una mezcla de vino barato con vómito de quien ha comido frutas podridas. Instintivamente, el tipo, pensó en darle un certero golpe, ya que sin dudas se trataba de aglún ser vivo.  Pero no le entusiasmó la idea de ensuciar su zapato.  Motivo por el cual buscó algún objeto cercano.  Allí, apoyado sobre la pared de la fábrica abandonada por la cual pasaba, vio apoyado un bastón.

Sin importar la procedencia del mismo, lo tomó y de inmediato y con timidez casi absoluta, procedió a mover el bulto.  Ante los primeros 4 intentos no hubo reacción alguna. Al quinto, eso que estaba en el piso se incorporó.  En un solo movimiento abrió un par de alas enormes, de color negro, parecían de género.  Elevó lo que era su rostro. Era de tez blanca, pero estaba con un bronceado propio de unos 15 días en chapadmalal, sin uno solo de lluvia.  El ser bostezó.  Tenía los ojos rojos.  El tipo no sabía ante qué se encontraba, qué riesgo podía correr. Miró a todos lados alrededor pero no encontró nada.  Aún no eran las 6 y media de la mañana.  Se había levantado más temprano de lo usual.  Es que quería pasar por el kiosco de diarios a comprar el Clarín, que comenzaba ese día a entregar una serie de libros de suspenso que le interesaban. 

En ese pensamiento estaba cuando el ser le pidió el bastón.  Temeroso, el tipo se lo dio. El enigmático ser dijo “gracias, flaco” y se elevó en el mismo momento en que decía “no tomo más”. 

El tipo lo vio elevarse y desaparecer en cuestión de segundos.  Se escuchó un ruido metálico a unas cuadras.  El hombre del kiosco de diarios agarraba a patadas la puerta trasera que se trababa casi siempre.  El tipo buscó la billetera en el bolsillo interior del saco (ese día tenía ganas de usar saco para verse importante) y siguió su camino.  Tal vez pudiera hojear un poco de esa novela antes de entrar a trabajar.

Leyendas Urbanas Apócrifas I – El hombre gerundio

4 Feb
En la típica calurosa tarde de verano, en la ciudad de Buenos Aires, se siente el devenir de conciencias que avanzan hacia un futuro inmediato.  Dejan sobre sus espaldas un tendal de pensamientos, olores, sentimientos, canciones.  Arrastran ilusiones y frustraciones y llegan a cualquier lugar con la satisfacción del objetivo inmediato efímero cumplido.  De tanto en tanto algún suspiro los saca de la atmósfera cotidiana y los envuelve en una utopía.  En ese momento se puede sentir algún diálogo lejano.  “¿Y cómo andan tus cosas”.  “Y… tirando”

La sensación de simultaneidad hace del uso del gerundio, algo usual y poco llamativo.  Aunque lo curioso es saber, después de caminar por alguna plaza en búsqueda de un poco de sombra, que por las calles de CABA circula el llamado Hombre Gerundio.  ¿Quién es? ¿Dónde vive? ¿Qué peligros lleva un posible encuentro con él? Interrogantes que nadie ha podido dilucidar al día de hoy.  Sin embargo, llama a la curiosidad.

Se ha rumoreado que el hombre gerundio es tan sólo un adolescente en aspecto, aunque llevaría la cuenta de más de 144 primaveras vistas.  Busca pasar inadvertido con su peculiar modo de hablar, para lo cual ha logrado introducir su jerga en los medios de comunicación más leídos.  Este hábil movimiento le permite al hombre gerundio, caminar las calles de la ciudad sin que nadie note su presencia, aún cuando kiosqueros de la zona de Palermo afirman que cada tanto escuchan un “¿me vas dando el vuelto?” que suena provocador, motivo por el cual agudizan su mirada y notan que el tono de voz no se condice con la imagen física del sujeto.

Hay quienes afirman que es colorado, muchos otros, sin embargo, le dan un aspecto de piel morena pero “copado” como han dicho comerciantes del barrio de Colegiales. “Más un café con leche”, aseguran.  Estas mismas fuentes confirman que el hombre gerundio aparece alrededor de las 20 horas cuando pregunta “¿y? ¿Cómo va andando todo?” “Acá ando, caminando un poco, tratando de ir comprando las cosas para cuando esté vacacionando” dicen que responde cuando alguien le da bola.

No se han conseguido muchas más especificaciones sobre este hombre/muchacho/joven.  Fuentes informan que se trata de un hombre solitario, aunque otros dicen que todo lo contrario. El único dato certero, que igual lleva a un callejón sin salida, es que sería redactor del diario deportivo Olé.

Una de las tantas Leyendas Urbanas Apócrifas.