Archivo | enero, 2011

Charlas de Bondi

12 Ene

Línea 39, de Barracas a Plaza Italia, altura Congreso.

Amigo 1: Me puso re mal lo de María Elena Walsh
Amigo 2: Seh…
Amigo 1: Sus canciones inundaron mi infancia de bellos recuerdos
Amigo 2: Sah… en realidad no me acuerdo que hayamos cantado nada en jardín.
Amigo 1: ¿No? Si, para ir a tomar el té.
Amigo 2: No, gil, si íbamos a la mañana. Aparte nos llevaban en malón. Gracias a que no nos perdíamos en el patio, de cantar ni hablar.
Amigo 1: Tenés razón… bueno, pero la Walsh era una mina muy querible.
Amigo 2: Seh… bah, en casa mucho no, porque era medio gorilona decían mis viejos…
Amigo 1: Ahh… como que no sabía.
Amigo 2: Si… y a mi no me había gustado cuando criticó la carpa docente en la era menemista…
Amigo 1: No me acordaba… bueno, pero el personaje de Manuelita es de los más queribles de la historia del país
Amigo 2: Sí, eso sí… aunque la película que hicieron en García Ferré medio que arruinó cualquier cosa buena que podía tener…
Amigo 1: Si, como que le dio sabor amargo a todo.
Amigo 2: Seh…
Amigo 1: …
Amigo 2: …
Amigo 1: Me puso re mal lo de la periodista de C5N…
Amigo 2: Ah, si, la amiga de Feinmann…

Ahí me bajé.
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Permiso

10 Ene
Hoy murió María Elena Walsh.  Poetisa, compositora de las canciones infantiles que llenaron las salitas de colores de generaciones. Personalmente no recuerdo en qué momento pude haber aprendido los clásicos que saben todos, no tengo recuerdos de haber tenido un casette de ella, ni tampoco recuerdo haber preguntado nunca quién era.  No soy, tampoco, un seguidor de su obra.  Recuerdo, sí, un momento en que se quejó por la carpa blanca de los docentes frente al Congreso.  
Pero como persona de letras, de esas que se apropian del sentimiento de miles para hacerlo verso, es imposible no tomar alguna de sus obras para decir algo. Aunque ese algo quede entre dos personas, y aunque de esas obras, se resalten algunas líneas para mensajear algo distinto a lo que es, en definitiva y por completo, una bellísima canción. Aún así, se piden prestadas, y se comparten.

 Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

 Por tu decencia de vidala
 y por tu escándalo de sol,
 por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

 Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra,
 para cuidarte en cada flor
 y odiar a los que te castigan, mi amor, 
yo quiero vivir en vos.

Esos arranques

7 Ene
A veces se producen esos arranques.  Entonces es cuando (dicen) todo empieza y se comienza a prolongar en el tiempo de una forma más bien anecdótica.  Es como suelen comenzar las cosas.  Pero de repente uno va por la calle con ese ánimo de principio de año, de todo nuevo, de bolsa con pelotitas de aire para explotar y ve esas situaciones que te devuelven a que el tiempo es lineal, no cíclico.  Nosotros nos empeñamos en darle una y otra vez las vueltas al asunto.
Ahí estaban, en cercanías de la Avenida Patricios, un padre y una madre a los gritos, contra el adolescente que ejerce su rol de tal.  La madre llora, se enjuaga los ojos que ya parecen morrones maduros.  El padre con la camisa desabotonada (calor, mucho) y ojotas curtidas, toma al hijo por la remera.  El chico se quiere soltar, pero aún no puede.  No tiene la fuerza ni la edad todavía para rebelarse de otra forma.  La madre grita, mucho.  El chico de cabello corto, casi al ras, mantiene una postura corporal que se condice con sus ropas largas y cansadas. Tiene (o al menos se ve así a lo lejos) la cara sucia, roñosa.  Los ojos parecen más abiertos cuando se pone de frente.  La madre suplica y pregunta al aire “¿Por qué? ¿Por qué?”.  
Y llega ese instante en que el pibe responde con un estrendoso “Dejame de joder”, seguido del seco trompadón que el padre emboca en lo que antes era un labio, presuntamente, sano.
“Lo encontraron drogándose” informa a la comunidad que quiera oirla una mujer con una bolsa de compras aún vacía, al tiempo que reanuda su marcha al chino. A su andar se suma otra mujer, un poco más alta, de cabello más arreglado, enrulado y con una mano de pintura que disimulan (mal) una población abundante de canas. “Qué manerita de empezar el año”, le dice.  Y van a comprar lo mismo que hace un mes, a pesar de que”con estos precios no se puede vivir.”