Archivo | noviembre, 2008

Un día

30 Nov

Hace 4 años y un día pronuncié unas palabras que siguen siendo responsables.
Hace 4 años y un día me preguntaba si era posible estar de tal manera.
Hace 4 años y un día me preparaba para recibir alguna respuesta, y fiel a mi estilo, temía porque fuera aquella que me hubiera dado un resultado triste.
Hace 4 años y un día buscaba alguna mejor manera de recitar las palabras.
Hace 4 años y un día me costaba encontrar un motivo para no sentirme feliz.
Hace 4 años y un día te di un beso.
Hace 4 años y un día daba sentido a algunas canciones que antes no lo tenían.
Hace 4 años y un día me iba a dormir en las nubes.

Hace 4 años y un día que sigo viviendo de esa misma forma.

Una solución para Clarín

28 Nov

Ahora, a Clarín le preocupa mucho este tema:


Esperemos que si hay algún detenido por la protesta, también publique notas como esta:


Aunque ellos mismos en sus ediciones anteriores, podrían encontrar una solución:

¿Cuándo?

25 Nov
El perfil caótico de Noviembre y Diciembre suele contrastar con el clima agobiante. Parciales, finales, despedidas, fiestas, regalos, una horda de situaciones que parecieran llevarnos por delante sin pedir permiso. No es de extrañar que se acentúen los sentimientos, para bien o para mal, desde el extremo del solitario que busca respuestas en el fondo de una botella de tinto, hasta el que busca por negocios enteros el regalo perfecto para su pareja. El calor nunca contribuye con estas actividades, sea porque el vino cae pesado o porque caminar cuadras y cuadras para un collarcito…
Sin embargo todo tiene olor a final, a que se acaba pronto, es la excusa: “Vamos que falta poco”. ¿Poco para qué? Falta poco para que todo vuelva a empezar en la misma dirección, no hay nada que hacerle. Uno podrá hacerse una listita con desafíos o promesas que quedarán en el camino, olvidadas a mediadios de abril. Pero nos predisponemos a ello, volvemos a sentirnos contentos de ver las publicidades de fiestas, nos enciende algo que nos moviliza a seguir. Y sí, es el mismo sistema que encuentra la manera de llevarnos a ello, nos enchufan lucecitas de colores que nos adornan hasta dejarnos bonitos y listos para volver a empezar. Pero nos sometemos a ello porque a la larga es divertido. ¿A quién no le divierten las fiestas de fin de año? esos reencuentros con amigos, ese motivo universal que puede provocar las peleas de las que hablaremos dentro de 365 días más. Pero eso es más adelante, el punto es dónde empieza eso. Quién lo define, en qué momento arranca, cuándo es el click que hace que estemos con la mente puesta en ello, conscientes de que tal vez es una farsa pero a la que nos someteremos sin peros. ¿Qué lo define? Y no pregunto porque me quiere resistir, solamente quiero saber cuánto me falta para llegar a ese punto que, ilusorio y todo, es lo que siempre necesitamos en este momento.

Uno de los tantos Claudios

18 Nov

Claudio, con la cabeza gacha y los dedos lastimados, insistía en conocer a la Maga y seguía martillando clavos para tratar de enderezarlos. Trataron de explicarle que eso había sucedido antes, pero él había elegido su propia manera de leer la historia. “Elegiste esa manera porque te fue permitido e inducido a que así lo hicieras” le dijo, pero desoyó el comentario y no volvió a hablar con esa persona. Fue la misma que le dijo que hacer una banda de rock, pelarse y usar anteojos oscuros ya había sido usado antes. También fue ella quien le dijo que sería linda una historia de amor en el Titanic pero que le parecía haberla oído. Él desde entonces no le creyó mucho, pues no le parecía nada linda la historia. Desde entonces descreyó de todo lo que fuera amoroso, cualquier historia del estilo no era para él. Quiso ponerse entonces un traje negro y salir por las noches a combatir criminales, pero ella le dijo que podía volverse un ridículo en sí mismo persiguiendo payasos. Se enojó tanto entonces que le dijo que se iría a recorrer el país corriendo e inspirar a otras personas. Ella al otro día le alquiló Forres Gump, la cuál él calificó como un gran descubrimiento e intentó llevar la historia de esa persona al cine. Ella le dijo que mejor comenzara escribiendo un libro de cuentos con historias parecidas, a lo cual él accedió y su resultado fueron un par de hojas explicando de manera fantasiosa por qué los flamencos se paran en una pata y por qué las tienen de color rosado. Ella después de leerlo le dio un beso en la frente y lo llevó de paseo por el micro centro para aclarar sus ideas. Fue entonces cuando Claudio vio un número cómico realizado por actores improvisados pero de alma, y le comentó la fabulosa idea que se le acababa de ocurrir, juntarlos a todos en un programa nocturno y mecharlos con imágenes de tipos que eran golpeados por bolas en la ingle. Ella se agarró la cabeza, y una semana más tarde le regalaba Rayuela.

El nuevo segundo planeta del Principito

11 Nov

-¡Ah! ¿Ah! ¿He aquí la visita de un comentador, arré-exclamó desde lejos el vanidoso no bien vio al principito.

Pues, para los vanidosos, los otros hombres son comentadores.

-Buenos días -dijo el principito- ¡Qué celular tan raro tienes!

-Es para sacarme fotos y postear -le respondió el vanidoso-. Es para postear para que me aclamen, desgraciadamente no tengo muchas visitas, arré.

-¿Ah, si? -dijo el principito sin comprender.

-Posa tus manos en el teclado, arré -aconsejó el vanidoso

-El principito puso las manos en el teclado. El vanidoso se sacó una foto, levantando el celular.

“Esto es más divertido que leer el diario”, se dijo para sí el principio. Y volvió a comentar la foto. El vanidoso volvió a sacar una foto, levantando el celular.

Después de cinco minutos de ejercicio el principito se cansó de la monotonía del juego.

-Y ¿qué hay que hacer para que dejés de sacar fotos?- comentó en el flog.

Pero el vanidoso no lo leyó el comment. Los vanidosos no leen sino las alabanzas.

-¿Me comentás mucho, verdaderamente?- Preguntó al principito

-¿Qué significa comentar?- preguntó el principito

-Comentar significa reconocer que soy el pibe más hermoso, mejor vestido, más rico y más inteligente del planeta, arré.

-¡Pero si eres la única persona en el planeta!

-¡Hazme el placer! ¡Comentame varias vecrs!

-Te comento- dijo el principito, encogiendose de hombros- Pero, ¿por qué puede interesarte que te comente?

Y el principito cerró el fotolog.

Los chicos están decididamente muy extraños, se dijo simplemente a sí mismo frente a la pantalla.

PD: ¡Por Dios! ¡Que vuelvan los potreros!

Ingredientes

8 Nov
Federico sentía calor en el brazo. Se miró y lo encontró bañado en sangre, que aún no había cubierto en su totalidad su extremo superior derecho. El palpitar del corazón le asediaba por la nuca, donde sentía en la piel no sólo el golpeteo incesante del músculo, sino también cómo millones de hormigas caminaban por su cabeza, se movían hacia las orejas de forma frenética, y volvían a la nuca, al cuello, al brazo izquierdo. La respiración agitada iba al compás del pecho, que se inflaba como un preservativo que busca ser comprobado por una prostituta. Se llevó la mano derecha, a la cual ya había llegado ese néctar de los vampiros y algunos enfermos psicópatas, y se refregó los ojos. La mano ahora estaba liviana, se había liberado del peso del cuchillo que tenía hace tan solo minutos, cuando estaba cortando queso para poner sobre la pizza. Siempre le gustaba comer pizza los días viernes. Esa noche estaba contento porque había dejado todo listo en la mañana para no tener que terminar pidiendo al delivery de siempre. Al menos ahora había comprado prepizzas en esa fábrica de pastas prestigiosa del barrio. Había comprado queso muzzarella en el almacén venido debajo de la vuelta de su casa, atendido por Felisa. La Señora Felisa conocía a Fede desde que era un chico rubio con cara de tímido y corte tasa en el pelo. Fede siempre pasaba por el almacén de Felisa para comprar caramelos antes de entrar a su turno tarde de colegio. La jornada completa era dura, pero él vivía a menos de dos cuadras y podía darse el lujo de volver a comer con su hermana mayor, de 18 años, y su sobrino de 8. Fede por entonces tenía apenas 6. Paula era la encargada de tenerle la comida hecha para que pudiera cumplir con ello, ver en la tele los dibujitos que le gustaban, y volver con energía recargada. La idea había sido de Sofía, la madre de Paula y Federico, Abuela de Mike. Sofía había sufrido un infarto cuando Paula quedó embarazada, con tan sólo 10 años, una de esas cosas que había escuchado muy cada tanto en la televisión, eran noticias de otros lugares, lejos, más allá de General Paz, o no tanto, o más bien a pocos minutos de su casa, o más bien ahí, en el cuarto contiguo, en esos pasos sigilosos. Mike era un chico que había nacido con los ojos inyectados en sangre, y de un color negro infame. Paula lo cuidaba como a un perrito, esperaba que se hiciera pronto el momento en que creciera y se fuera para poder retomar la vida que no tuvo. Sofía aún trabajaba cuando Federico salió del colegio secundario a buscar trabajo, el cual consiguió como cadente de una financiera. Todas las mañanas, antes de irse al trabajo, Fede pasaba por el almacén de Felisa, que lo esperaba con una barrita de cereal y una coca cola de 600, además de un Camel Box, el cual aún se resistía a vender en una, dos ocasiones. El rostro de Federico era igual al que tenía a los 6 años, con las diferencias que el pelo se fue oscureciendo y desapareciendo en la parte superior, y la sonrisa tímida que siempre tuvo ahora era envuelta por una frondosa barba candado. Aquél día Felisa se sintió contenta de venderle muzzarela, porque siempre hablaban de lo mucho más rica que resulta la pizza cuando uno le mete sus propios ingredientes. Por eso Federico había comprado además una lata de sardinas, 150 gramos de cocido, 100 de salame, 100 de aceitunas, orégano, y hasta una caprichosa lata de palmitos. Cuando compró las prepizzas, se sintió feliz de ser atendido por Clara, la chica tan jovencita y de piel tersa que en cierto sentido le hacía acordar a Paula. Recordaba a su hermana como una joven con una sonrisa en espera, en pausa, esperando volver en algún momento. Pero esa es otra historia.
Al llegar a su casa, ahora solitaria, Federico se había desprendido de la mala vibra del microcentro porteño, se había dado un baño, había puesto un cd de The Doors que escuchaba a modo de luz verde, era viernes después de todo. Luego de varios preparativos realizados (ya tenía la mesa lista y un chopp en la heladera, al lado de dos cervezas negras) frunció el seño. Algo había olvidado y eso le producía un fuerte dolor de cabeza, una puntada. El gesto coincidió cu ando tocaron el timbre y salió a abrir. Tenía aún el cuchillo en la mano cuando Clara había aparecido frente a él, con una tímida sonrisa y una frase en la boca. “Al final vine” dijo, y Fede recordó que no había comprado salsa de tomate.

Reconocimiento

3 Nov

Durante la jornada laboral, veo que, durante un breve descanso telefónico, un intruso pasa hacia dentro del cuarto. Camina rápìdo, escurridizo, está sin dudas investigando, en tarea de reconocimiento. Después, sin ser descubierto, debería volver al nido y decir cuáles son las mejores habitaciones para alojarse durante el ya advenido verano.

Como todos los trabajadores, llegamos un momento, después de una dura jornada, que nos despistamos. Perdemos esa concentracion de la cual veníamos haciendo uso. Y entonces fue cuando lo ví, me vio, segundos de tensión. El calor provocaba cierta ola de aire que subía como el humo. Raudo, levanto mi pie, con la ojota veraniega hawaiana de color blanco, que, sin mediar palabra, busca aplastar su pseudo humanidad, él (o tal vez ella) la esquiva, por debajo, busca un refugio que queda lejos, demasiado, se lo nota cansado pero con las fuerzas suficientes para gambetear un segundo intento. El tercero no es de la misma manera, ya no es algo que baja amenazante, sino otra cosa. Es un remate de puntin, contra ese cuerpo quebrajoso, que suena al golpear bruscamente contra la pared que tiene de frente, luego de ser impulsado de imprevisto. No llegará a cumplir su misión. Lejos, un contingente debe estar temiendo que algo ocurrió. Tal vez alguno de su clase llora, pero no es algo que incumba. Sin embargo, luego de la segunda patada que provoca su caída por las escaleras, ya derrotado, como cualquie trabajador, merece un humilde homenaje.