Archivo | junio, 2007

Fotos

30 Jun

Después de casi 8 años vuelvo a tener scáner. ‘Aprovechemos’, me dije.



Veintiuno

25 Jun

Hace exactamente 21 años yo tenía apenas 4 años. Habían pasado unos días de los grandes goles de Diego a los ingleses. De ese día recuerdo que estabamos con mi familia en casa de unos amigos, y que yo jugaba en el piso con unos muñequitos de He Man prestados. Recuerdo apenas los gritos de gol, no le daba demasiada importancia a lo que ocurria allá lejos en México. 10 días antes de esa fecha fallecía en Ginebra Jorge Luis Borges, quien ya había dejado de ver hacía un tiempito. Pronto a cumplir 5 años, no me hubiera imaginado que algún día leería algún cuento de él, o que tendría alguna complicación en mis propios jóvenes ojos.

El número 21 puede significar mil cosas. En la quiniela es la Mujer, por ejemplo, los famosos sueños que uno tiene y que luego salta de la cama para jugar a la cabeza y a los diez. En la vida es la adultez en cuanto a las responsabilidades, no hay imputabilidad, ya se puede viajar solo al exterior sin permiso de los padres. Paradójicamente cuando cumplí 21 años se había implementado hacía poco la ley que prohibe vender alcohol en los kioscos y tomar en la calle, regla que incumplimos en esa misma noche de cumpleaños.

A los 4 años la vida es algo que pasa sin darse cuenta, y el futuro es algo que va a llegar de la mano de papá y mamá. No me preocupaba cómo viajar en colectivo y no había aún maquinitas electrónicas para sacar boleto, sino que existía el boleto con la esperanza de que sea capicùa.

Uno de esos boletos, recuerdo en viaje con mi viejo, salió 12521. Tomé entonces el número 21 como “de la suerte”, a tal punto que en la primaria gané una torta en una rifa con él, que lo confirmó como una de mis excentricidades.

Ahora, ya grande, con 25 encima, encuentro a una personita que llega a la mayoría de edad, que llega de mi mano, y que siempre está buscando colectivos que nos hagan pasar un rato juntos y que va marcando, casi sin querer, mi día a día, mis estados de ánimo, mis ganas de hacer y dejar de hacer. Y muchas veces, me hace sentir como un nene de 4 años que sólo quiere pasar la vida jugando con ella, aunque esté apenas dando los primeros llantos.

Un año más

22 Jun
Por un año más, el Instituto de Cine Americano volvió a elegir a ‘Citizen Kane’ de Orson Welles como la mejor película de todos los tiempos. Nadie puede decir que no es una gran película, por más que hayan pasado 66 años de su estreno, y más allá de todo lo que intentó hacer William Randolph Hearst para impedir tanto su estreno como la comercialización y distribución del film, la vigencia de El Ciudadano es envidiable y sin dudas merecidísima.

El podio de esta selección se completa con ‘El Padrino’ y ‘Casablanca’. Se resaltan en la lista varios hitos del cine. Lo indignante es que en el puesto 83 figure el bodrio de ‘Titanic’ y que una vez más se haya ninguneado a ‘Los bañeros más locos del mundo’.

Pepo

17 Jun

Los deseos cumplidos de Pepo eran tan efímeros que sólo bastaba con mirarlos una vez. Ni siquiera había que inmiscuirse en ellos para sentirse feliz, ya que era todo tan rápido, duraba apenas milésimas de segundos, no se podía siquiera articular una sonrisa que enseguida todo desaparecía. Los deseos de Pepo cambiaban en cada hora, quizás sumando los veinticuatro deseos de un día se podía obtener una felicidad mas o menos duradera, quizás llegando al medio segundo, pero eso teniendo en cuenta que debían de cumplirse todos los deseos que Pepo tuviese, cosa que no había sucedido salvo una vez, de la cual Pepo no recuerda nada, ya que era muy pequeño entonces, y se sabe que cuando uno es chico lo que vive es el presente, y el pasado se olvida de forma casi instantánea, en la niñez, rara vez el presente deja rastros que en el futuro puedan manifestarse en ideas de pasado, se manifiestan mas bien con la idea de niñez. Por eso cuando recuerda, en muy raras ocasiones, aquellos deseos que se cumplieron, lo hace recordando, por ejemplo, a su madre. O el aroma de las torta fritas, o el frío que envuelve a la playa luego de la caída del sol. Entonces aparecían, cierta vez aislados, cierta vez casi pegados, algunos de aquellos deseos, tan simples, tan chiquitos, tan fugaces.
Pepo caminaba mayormente por una avenida importante de la ciudad, a veces trabajaba, a veces no. A veces ganaba dinero, pero la mayor parte del tiempo lo pasaba diseñando algún deseo que cumplir para la hora siguiente. Cuando pasaban los sesenta minutos desde que se proponía cumplir alguno, si éste no llegaba, entonces simplemente desistía, y anotaba el deseo incumplido en una pequeña libretita que tenía dentro del bolso viejo y sucio que llevaba a todos lados consigo. Había varios deseos allí, muchos servirían para cuando no se le ocurriese uno nuevo, entonces recurriría a la libreta para cumplir uno de esos rebeldes. Cuando el deseo se cumplía antes del plazo de sesenta minutos, entonces podía descansar. Se sentaba en las escalinatas de la parroquia, o en algún banco de plaza, o en el cordón de alguna vereda parcialmente despejada de peatones en una calle poco concurrida, y descansaba. Miraba a la gente que pasaba, o pensaba en la que no lo hacía, imaginaba las causas. Algunos no pasarían quizás por temor. Temor que podría infundarse en el aspecto de Pepo, que lucía más bien como la imagen clásica de un linyera, pero con la diferencia de que Pepo tenía un bolso y una libreta con deseos incumplidos. Otras personas no pasarían porque simplemente esa calle no estaba en sus rutas, otras porque ni siquiera saldrían de sus casas, y muchas porque ya ni siquiera deberían de estar vivas. Una chica pasaba llorando entonces Pero se imaginaba las causas de su llanto. Una mala nota, un reto de los padres, una ruptura amorosa, una llave perdida (con todos los significados que puede tener esta opción) Quizás algún deseo incumplido, un beso que no llegó, o un beso que significó el último. Un hombre pasaba de la mano con una niña, entonces el imaginario iría desde un padre con su hijita, hasta un depravado con una víctima, pasando por todos los parentescos y posibilidades existentes. A veces el pensamiento lo hacía divagar tanto que se le pasaban los minutos que había calculado para seguir con sus deseos efímeros, pero eso no lo limitaba para cumplirlos.
En su anotador, había cerca de dos carillas con deseos incumplidos. Entre otros se podía leer “Encontrar una piedra pentagonal”, “Hacer el crucigrama del diario del día 12 de Enero”, “Contar al menos 50 perros dálmatas”, “Lograr el beso de la primer señorita que vea en la cuadra número diez”, “Terminar el jueguito de disparos con una ficha”, “Saber su deseo más profundo”, “Comer algo”, “Ver ganar al equipo de la derecha”, “Encontrar unos zapatos mejores”, “Escuchar de nuevo la canción”. Y así, cada deseo incumplido ocupaba un renglón, y muy pocos de ellos estaban tachados. Uno de ellos señalaba la muerte de alguien, pero el nombre estaba tan borroneado que ni siquiera Pepo supo quién sería esa persona, por lo que, entre los últimos deseos incumplidos, había anotado el de saber a quién podría odiar tanto como para desearle la muerte. Incluso llegó a pensar que sería él, y se asustó al notar que en su cuadernillo no estaba anotado el deseo de “Morir”, ya que sin dudas lo había imaginado alguna vez, sentado a la sombra de un árbol para más datos.

Criatura del infierno

12 Jun

La película la pasó Cinecanal, la sinópsis de la misma es la siguiente:

“En los montes Apalaches un demonio depredador despertó y busca alimentarse de su más antigua y peligrosa presa: el hombre. Por lo cual ha elegido a un grupo de jóvenes que se encuentra disfrutando inocentemente de un campamento.”

Al margen de que al leer esto no dan ganas de verla, el “demonio depredador” era así:

Fuera de lo que es la advertencia de que si ven algo de esto cambien inmediatamente el canal, exigo, reclamo, demando que de alguna manera, alguien me devuelva la hora y media que perdí viendo esto.

’80

11 Jun

Vuelve Soda (lástima que el fernet siempre me gustó con Coca), volvió por tres temas Sumo, la hiperinflación, Fido Dido, Los pirufos a Telefé. Nunca se fueron las mielcitas ni el chavo del ocho; adhieran pronto a la larga lista a los legendarios Fraggel Rock. Nuevas generaciones los merecen.

Cambios

9 Jun

El poder cambiar bastante el aspecto de un blog no sé si resulta beneficioso. Seguramente si, más opciones, pero tal vez uno termina mutando según estados de ánimos o incluso caprichos. ¿Será una manera de vivir también? Uno se va mezclando en distintos ámbitos, relaciones, amistades. En un reptil es un modo de supervivencia, en un ser humano no resulta tan distinto. Aunque quisiera ver a un camaleón que no puede entrar al blog con internet explorer y entonces empieza a cambiar de piel. Seguramente entonces terminaría decidido a usar firefox.